En una tarde de verano en el mes de septiembre del 2011 apareció en la puerta de mi casa un Padre que pertenecía a la iglesia Nuestra Señora de los Milagros con un grupo de chicos con una propuesta interesante.Nos saludamos, él se presentó como el padre Marcos y me propuso si yo quería hacer huerta. Como yo nunca había hecho una dije que sí. Me tomaron unos datos y se despidieron hasta la semana que viene.
A la semana siguiente el día sábado vino el padre Marcos con otro grupo de chicos y se pusieron a trabajar. Un calor tronco. Los chicos daban vuelta y vuelta la tierra. En un cierto horario se despidieron y se fueron. Yo que soy inquieta e impaciente me puse a desparramar y emparejar el cuadrado donde íbamos a plantar.
A la semana siguiente volvió el padre Marcos con unos chicos no tan chicos, eran de la UNL. Se presentaron todos con sus respectivos nombres. En el grupo había uno con el nombre Martín. Pasaron a ver dónde iba a ser la huerta, saludaron y se fueron. Al rato volvieron los chicos chiquitos y se pusieron a plantar. Plantaron RABANITOS, lo regaron y se fueron.
A la semana siguiente volvieron los chicos de la UNL, entablamos una charla mientras plantaban MÁS RABANITOS. Cuando pregunte qué habían plantado, ellos dijeron: "Rabanitos"; yo dije: "¿Más rabanitos?"; ellos preguntaron: "¿Por qué?"; respondí: "El sábado pasado ya habían plantado rabanitos"; uno de los chicos dijo: "Bueno, vas a comer muchos rabanitos."
Bueno, ese día los chicos me dijeron que la semana próxima iban a repartir plantines de varias verduras. Nos saludamos hasta el sábado.
Durante la semana yo cuidaba de los yuyos y de los animales. Yo esperaba ansiosa el día sábado para ver qué clase de verduras iban a traer. Llego el famoso sábado y llegaron los chicos con un montón de plantines de lechuga, cebolla y zapallo. Los hice pasar a mi casa e hicimos más plantines. Yo me quede con las mías y ellos salieron a repartir las restantes.
Por unas tres semanas las cuidé, las regué y las sacaba al sol, hasta que un día me cansé, armé unos nuevos surcos y planté las plantas de los plantines.
El primer cuadrado estaba lleno de rabanitos, era increíble ver tantos rabanitos. Ese año comí muchos, pero muchos rabanitos, lechuga y calabaza, hasta una sandía que salió entre los zapallitos verdes.
Ya habíamos entablado una buena relación con los chicos, para mí se me había hecho una costumbre ver a los chicos todos los fin de semanas.
Para fin de año los despedí, se me hizo muy raro, pensaba que nunca más iban a volver. Gracias al padre Marcos, yo conocí a esos chicos tan buenos y gentiles, que hacen tanto sin recibir nada a cambio, ¡que loco! decía dentro mío.
En febrero de 2012 era un día lluvioso, estaban mis hermanos y mi mamá conmigo. Mis hermanos y yo estábamos en pleno trabajo. Estábamos dando vuelta la tierra para la futura huerta, mi mamá dice: "Allá vienen los chicos". "¿Qué chicos?" dije, y miré para la vereda, estaban paradas dos chicas (Lucía y Gabi) y un chico flaco medio alto (Martín). Los saludé y los hice pasar, miraron, sacaron fotos y preguntaron por mi panza, les dije que estaba embarazada de 3 meses.
Empezamos hablar de todo un poco, cuando quise hacerle una pregunta a Martín, no me acordaba su nombre, nunca me acordaba, ¡no sé por qué! Le dije "¿cómo es que te llamas? ¡Porque nunca me acuerdo!" Dijo: "Martín, Martín". Yo dije: "Aaaah ¿Martín pescador? Como el pájaro". Por el pájaro yo me acuerdo el nombre de él.
Como siempre a ellos los veos todos los fines de semana, o sea, todos los sábados, ya entablé una buena relación con ellos, que ya son como mi familia, tanto así que terminé hablando en el medio de la plaza lleno de gente.
Me invitaron a la UNL a una charla en un salón con muchos chicos mirándome y escuchando lo que yo decía y lo raro de ese día fue que muchos chicos lloraron por lo que dije. Ese día fui con Oriana Berlín alias “rabanito” (según Martín).
Fue y es tal la relación que aún tenemos, que en mi casa se hizo una hermosa comilona. Comimos dorado a la pizza y a la provenzal, carpincho, pescado frito, ensaladas, con postre y todo. Esa comilona fue espectacular porque estaban los chicos del comienzo y los nuevos que se unieron después de la famosa charla en la UNL. Conocí muchos chicos y chicas más, que algunos cuando me ven me reclaman la comilona.
Aunque no crean, en el grupo “manos a la huerta” hay un chico que no quiere que los chicos de los otros grupos me compartan con ellos. Es medio mi amigo y cada vez que puedo lo hago de goma y lo agarro para el churrete.
Bueno, lo único que sé es que tanto empecé a querer que los extraño cuando no vienen, pero sé que si ellos no siguen con el proyecto, nos vamos a seguir viendo o manteniendo en contacto por teléfono.
A este año lo empezamos regio, porque en febrero bautizamos a Oriana y un grupo de chicos vino a la iglesia al bautismo y seguimos con la huerta. Ya planté la nueva temporada, así que vamos a ver cómo nos va este año. No planté, a pesar de que me encantan, los rabanitos. Gracias a los rabanitos nos reímos mucho cuando contamos esa anécdota.
Ahora espero aprender algo bueno en computación con el profe Seba, que no es nada serio y es amigo de Martín huerta.
Gauna, Vanesa
0 comentarios :
Publicar un comentario
Escribí tu comentario..